Himno Nacional Argentino (versión original, completa)
 
El autor de la letra, Vicente López, se inspiró en en un himno que coreaban los actores al finalizar la obra 25 de Mayo (obra que se estaba representando en el Casa de Comedias el 24 de mayo de 1812), cuya música había sido compuesta por Blas Parera. Éste y López, a pedido del Triunvirato - que en un oficio del 22 de julio de 1812 al Cabildo sugería la composión de la marcha de la patria - concluyeron la canción, que fue cantada en el Cabildo, el 1 de noviembre de 1812 por un coro de niños de escuelas.
El 6 de marzo de 1813 la Asamblea General ordenó algunas correcciones, con las que colaboró Esteban de Luca, perteneciendo a Parera el ritmo marcial, vibrante y guerrero, de la que se conoció como Marcha Patriótica, aprobada el 11 de mayo de 1813.
Se habría entonado por primera vez el 25 de mayo de 1813 en el teatro, durante la función patriótica de la noche. Luego se la denominó Canción Patriótica. Una copia de 1847 la titula Himno Nacional Argentino.
En 1860 el músico Juan Pablo Esnaola asignó a la entonces marcha, el ritmo con que hoy se la conoce.
Es, conjuntamente con la Bandera y el Escudo, uno de los símbolos nacionales.

Coro

Sean eternos los laureles

que supimos conseguir.

Coronados de gloria vivamos

o juremos con gloria morir.

I

Oíd mortales, el grito sagrado:

libertad, libertad, libertad.

Oíd el ruido de rotas cadenas,

ved en trono a la noble Igualdad.

Se levanta a la faz de la tierra

una nueva y gloriosa nación;

coronada su sien de laureles

y a sus plantas rendido un León.

(coro)

II

De los nuevos campeones los rostros

Marte mismo parece animar;

la grandeza se anida en sus pechos;

a su marcha todo hacen temblar.

Se conmueven del Inca las tumbas

y en sus huesos remueve el ardor,

lo que ve renovando a sus hijos

de la Patria el antiguo esplendor.

(coro)

III

Pero sierras y muros se sienten

retumbar con horrible fragor;

todo el país se conturba por gritos

de venganza, de guerra y furor.

En los fieros tiranos la envidia

escupió su pestífera hiel;

su estandarte sangriento levantan

provocando a la lid más cruel.

(coro)

¿No los veis sobre Méjico y Quito

arrojarse con saña tenaz?

¿Y cual lloran bañadas en sangre

Potosí, Cochabamba y La Paz?

¿No los veis sobre el triste Caracas

luto y llanto y muerte esparcir?

¿No los veis devorando cual fieras

todo pueblo que logran rendir?

(coro)

A vosotros se atreve, argentinos,

el orgullo del vil invasor:

vuestros campos ya pisa contando

tantas glorias hollar vencedor.

Mas los bravos que unidos juraron

su feliz libertad sostener,

a esos tigres sedientos de sangre

fuertes pechos sabrán oponer.

(coro)

El valiente argentino a las armas

corre ardiendo con brío y valor!

El clarín de la guerra cual trueno

en los campos del sud resonó;

Buenos Aires se pone a la frente

de los pueblos de la ínclita unión

y con brazos robustos desgarran

al ibérico altivo León.

(coro)

San José, San Lorenzo, Suipacha,

ambas Piedras, Salta y Tucumán,

la Colonia y las mismas murallas

del tirano en la Banda Oriental

son letreros eternos que dicen:

aquí el brazo argentino triunfó;

aquí el fiero opresor de la Patria

su cerviz orgullosa dobló.

(coro)

La victoria al guerrero argentino

con sus alas brillantes cubrió

y azorado a su vista el tirano

con infamia a la fuga se dió;

sus banderas, sus armas, se rinden

por trofeos a la Libertad

y sobre alas de gloria abra el pueblo

trono digno a su gran majestad.

(coro)

Desde un polo hasta el otro resuena

de la fama el sonoro clarín

y de América el nombre enseñando

les repite: mortales, oíd:

ya su trono dignísimo abrieron

las Provincias Unidas del Sud

y los libres del mundo responden:

Al gran pueblo argentino: ¡Salud!

(coro)

Versión en piano: R S Martínez